domingo, 7 de noviembre de 2010

Las drogas en Tepito


El mercado de las drogas, como cualquier otro mercado, puede ser analizado desde distintas perspectivas, el estudio realizado por Laura Wilson y Alex Steven[1] aborda la producción, distribución, tráfico y venta de estupefacientes en el Reino Unido desde su interior, utilizando el testimonio de presos involucrados con dicha actividad ilícita. En nuestro caso, la intensión es analizar la trasformación del narcomenudeo a partir de la intervención del Estado en el entorno en el cual sucedía (y sigue sucediendo) dicho fenómeno en la Ciudad de México.

En el año 2007 el gobierno del Distrito Federal, a cargo de Marcelo Ebrard, decidió implementar el Plan Tepito Fase II, enfocado a combatir actividades como la venta y producción de artículos pirata, así como las actividades relacionadas con el narcotráfico a pequeña y gran escala. Dicho Plan incluyó entre sus acciones la expropiación del predio conocido como “La Fortaleza”, ubicado en las calles de Tenochtitlán número 40 y Jesús Carranza número 33, justo en el corazón del barrio bravo.

La intensión del gobierno local era evitar que dicho predio siguiera siendo utilizado para la realización de actividades ilícitas, dando paso a la remodelación de la infraestructura existente, aprovechándola para actividades de servicio de salud, guardería y educación destinada a habitantes de la zona. En años anteriores se sabía que de esta vieja vecindad procedían grandes cantidades de drogas, armas y artículos pirata que se distribuían en todo el barrio y hacia otros espacios de la barrios de la Ciudad de México.

¿Cómo fue que este espacio se convirtió en un importante punto de narcomenudeo? Esta construcción fue edificada con el objetivo de proporcionar viviendo a personas que resultaron afectadas por el terremoto de 1985. Es importante recordar cómo es que se desempeñó en actuar del Estado ante el derrumbe de muchas viviendas a causa del movimiento telúrico: la problemática superó por mucho las capacidades institucionales del gobierno federal, mismo que echó mano de edificaciones como la conocida “Fortaleza” para solucionar las dificultades del momento. Este y otros inmuebles fueron dejados en el pleno abandono al igual que las poblaciones que los habitaban, se convirtieron poco a poco en espacios adecuados para actividades relacionadas con diversos tipos de ilícitos.

Hoy en día “La Fortaleza” no es más un punto de distribución y venta de drogas pero ¿ha desaparecido con ella el mercado de estupefacientes en el barrio? Podemos responder con seguridad: claro que no, las drogas siguen siendo una mercancía que recorre las calles de Tepito y de ahí salen a otros puntos del Distrito Federal, incluso autoridades locales afirman que, mediante un estudio realizado por la Secretaría de Seguridad Pública, lograron observar el alza de precios de las drogas en el 2007, esto a raíz de la intervención en dicho predio. El negocio tuvo que desplazarse espacialmente pero salió evidentemente fortalecido.

¿Qué lección no deja esto? Las drogas son mercancías al igual que otras tantas que consumimos cotidianamente, de ellas depende el mantenimiento de importantes flujos de dinero, mismos que difícilmente serán destruidos repentinamente, buscarán otros causes, se acoplarán a otras dinámicas de tráfico, venta o producción pero no desaparecerán pues dependen de una necesidad real. Luchar contra un mercado es verdaderamente complejo, quizá podemos pensar en regularle, en promover las condiciones más adecuadas para que este sea ordenado y, en el caso de los estupefacientes, cause el menor daño posible. Incluso el consumo de drogas es inevitable, se puede lograr reducir pero ello implica un largo proceso de concientización, desmitificación y acoplamiento social. 
 
Bibliografia:
  • Wilson L., Steven A., “Understanding Drug Markets And How To Influence Them”, The Benckley Foundation, pp. 13.
  • Periódico El Universal, versión electrónica, 11/07/07, documento electrónico: http://www.eluniversal.com.mx/notas/436314.html
  • Semanario Proceso, versión electrónica, documento electrónico: http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/pdfExclusiva/48229

[1] Wilson L., Steven A., “Understanding Drug Markets And How To Influence Them”, The Benckley Foundation, pp. 13.

Violencia latente en el Distrito Federal

A partir del año 2006 (aproximadamente) el clima de violencia ha aumentado a niveles nunca vistos en México, hemos podido saber de muchos y lamentables sucesos que han cimbrado a la sociedad nacional: masacres, hallazgos de fosas comunes, muestras de las trampas que se colocan por diversos actores en las cuales caen migrantes centroamericanos y nacionales, asesinatos multitudinarios de niños y jóvenes, ataques a la población civil por parte de grupos armados (oficiales o no), en fin, desgraciadamente la lista de eventos violentos puede extenderse considerablemente. 

La mayor parte de los sucesos mencionados escuetamente en el párrafo anterior han sucedido en los diferentes estados de la república, concentrándose la violencia en Chihuahua, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, Morelos, entre otros. La capital no ha quedado exenta de dicha situación, sucesos esporádicos, marcados por diferentes señales relacionadas con el narcotráfico, también se ha podido observar en nuestras calles. En años anteriores, 80´s y 90´s principalmente, la Ciudad de México se conocía desde el exterior como un espacio conflictivo y predominantemente violento, hoy los “defeños” podemos decir que vivimos en el estado más tranquilo del país.

Esta situación no implica que el Distrito federal se encuentre en santa paz, muy por el contrario, tanto autoridades como ciudadanos tenemos que estar muy al pendiente de eventos que podrían desatar con facilidad un clima similar al de otras regiones del país. Considero que lo anterior es prácticamente inevitable, esta ciudad es la principal concentradora de riqueza, en ella residen los Poderes de la Unión y también es sede principal de las agrupaciones militares y paramilitares involucradas en la problemática, dígase el Ejército, la Marina y la Policía Federal.

En algunas zonas de la capital se ha podido observar que diferentes grupos armados han comenzados a echar raíces, aprovechando la existencia de pequeñas bandas de jóvenes dedicados al robo de autopartes, asaltos a mano armada, carteristas en el transporte público, entre otros delitos menores, “empleándolos” en la distribución y venta de drogas al menudeo y hasta al tráfico a gran escala.

Un ejemplo de lo anterior, mencionado en los medios de comunicación en recientes meses, es el de la banda “los camaleones” dedicada al robo de autos y al tráfico de drogas en la zona sur de la ciudad. Mediante una observación cotidiana y pláticas con habitantes de las colonias aledañas, he podido constatar la transformación que dichas personas han sufrido en pocos años, quizá un poco más de tres. Anteriormente se les podía observar reunidos en una esquina, tomando cerveza, consumiendo alguna droga ligera (marihuana o algún solvente), sabiéndolos relacionados con actividades delictivas simples, mismas que incluso pueden juzgar autoridades locales.

Hoy día la situación es muy distinta, los jóvenes predominantemente pobres que anteriormente se reunían en la esquina a beber, fumar un churro de marihuana y comenzar a jugar una cascarita callejera, ahora son propietarios de llamativas camionetas arregladas con aditamentos de lujo, vestidos con ropa de marca tipo cholo o con la estética de los narcos del norte de la república, incluso sus casas se han modificado, han crecido, se han remodelado y ahora se alcanzan a distinguir con facilidad una cuadra antes de llegar. 

¿Cómo es que sucedió esta transformación? ¿Qué ha sucedido que los jóvenes conflictivos, se han convertido en “pequeños” narcotraficantes involucrados en conflictos con mafias nacionales? Podríamos decir que uno de los elementos que ha dado pie a que esto suceda es la permanencia de un proceso que no se ha cortado en ningún punto, los que hoy son delincuentes violentos, un día fueron niños que nacieron y crecieron en entornos violentos caracterizados por la escases, la alta marginación, las casi nulas posibilidades de desarrollo e incluso la estigmatización social de clase. 

¿Será posible impedir que el fenómeno de la violencia nacional ingrese con mayor fuerza en la capital mexicana? Considero que no lo es, la situación marginal y de pobreza extrema en la que se encuentran amplias zonas del Distrito federal, representa un perfecto caldo de cultivo para que dicha situación se extienda con relativa facilidad. Por ello, resulta indispensable tomar medidas urgentes para contrarrestar las posibilidades crecientes de incorporación de habitantes de diferentes zonas de la Ciudad de México en dinámicas violentas que pudieran salir de control como ya ha sucedido en otros estados de la república; la responsabilidad es de todos pero los mecanismos y recursos institucionales están en manos de unos pocos, mismos que tendrán que hacerlos efectivos si es que se quiere hacer caso a una legítima preocupación.






Bibliografía:
  • Diken B., City of God, documento electrónico: http://www.lancs.ac.uk/fass/sociology/papers/diken-city-of-god.pdf
  • Diario La Prensa, versión electrónica del 28/10/10: http://www.oem.com.mx/laprensa/notas/n1834495.htm
  • SSPDF, Comunicado del 1109/06, 2/09/06, fuente electrónica: http://portal.ssp.df.gob.mx/Portal/ComunicacionSocial/Boletiness/2006/Septiembre/b11092006.htm

Ciudad violenta... ¿de dónde?


¿La ciudad es un espacio predominantemente violento? Y si la respuesta fuera afirmativa ¿siempre fue así? ¿Desde dónde viene dicha violencia? ¿Cómo se gesta, cómo crece y cómo puede decrecer? Comenzar con preguntas de este tipo es complejo puesto que la conceptualización de la violencia requiere de su tipificación para poder comprenderla de mejor manera. La Ciudad de México construye en su interior diferentes tipos de violencia que van desde la política, la sexual, la económica, la socioeconómica y la institucional, hasta la visual y auditiva[1].
  
Algunos espacios que se han caracterizado en los últimos años como puntos conflictivos por suscitarse en ellos diferentes eventos de violencia como asaltos, homicidios, agresiones, intimidaciones, violaciones y acoso sexual, entre otros muchos son los paraderos de autobuses de servicio de transporte público. Estos son puntos de encuentro, de salida y llegada de trabajadores que se desplazan hacia sus destinos, espacios de comercialización de diferentes tipos de productos legales o ilegales, en su venta o producción.

Podríamos decir que la violencia que usualmente se vive en estos espacios es los tipos de violencia que se viven son 1) la económica, ejercida por grupos del crimen organizado o asaltantes armados que aprovechan los días en los cuales los trabajadores reciben sus salarios para interceptarlos y quitarles sus mesadas, 2) y la social, para la cual también se aprovecha la cercanía física entre personas para acosar o abusar sexualmente de alguien. Para hacer frente a este tipo de ambientes conflictivos y dañinos para los usuarios del transporte, se ha comenzado con un proceso de rehabilitación de algunos de estos espacios, procurando la reorganización de los actores que allí se encuentran, además de la dignificación de la infraestructura.

 Paradero a las afueras del Metro Pantitlan

El caso del remodelado Paradero Zapata (ahora Centro de transferencia), es ejemplar, hoy día las instalaciones son las adecuadas tanto para prestadores de los servicios como para usuarios, las antiguas aglomeraciones tanto de autobuses como de personas son menos comunes, dicho espacio no representa más un centro de conflictos de todo tipo e intensidad. A comparación de CETRAM Zapata podemos colocar el paradero de Tacubaya, reconocido como uno de los lugares con mayor incidencia de conflictos tanto por las autoridades como por los usuarios. Basta con caminar, tanto por la mañana como por la tarde por sus diferentes paraderos para observar la potencialidad y cotidianeidad de la violencia, misma que resulta acrecentada por la misma autoridad policías con la presencia de personal cada vez más y mejor armado, sin procurar el paulatino desplazamiento de la medidas coercitivas por otras que promuevan la estabilidad y la armonía de los usuarios y prestadores que habitan dichos espacios.

Pero nuevamente ¿Cómo es que la ciudad, no sólo los espacios anteriormente mencionados, presenta niveles preocupantes de violencia, mismos que se pueden notar en un día cualquiera en el cual un par de transeúntes o conductores pueden liarse a golpes por una “simple” mirada? Definitivamente ello requiere de una explicación más amplia, se necesita recurrir al análisis de la experiencia urbana en general, repasar con cuidado la cotidiana rutina en la cual se vive en nuestra ciudad. La concentración poblacional en el Distrito Federal, y aunado a ello la ineficiencia de los principales servicios de movilidad y habitabilidad deben verse como elementos involucrados a la acumulación de presión que llega a dispararse en un evento como una riña callejera entre desconocidos.

Nuestra ciudad es una de las urbes más pobladas del mundo, ello implica que se requieren servicios indispensables como la energía eléctrica, agua potable, drenaje y alcantarillado, transporte público, seguridad, salud, entre otros. La complejidad a la hora de aceitar la maquinaria institucional que proveerá de este tipo de necesidades es evidente, agreguemos a ello la dificultad que nos significa la falta de planeación o las trabas políticas existentes en la administración pública. La maraña urbana se convierte en un atadero de presiones que difícilmente se pueden resolver o analizar siquiera de un plumazo.

Considero importante agregar finalmente en el análisis la contaminación visual y auditiva que Moser no contempla como violencia urbana. Basta con asomar la mirada o el oído por la ventana del automóvil para darnos cuenta de que la tensión a la cual nos encontramos sometidos en el espacio urbano también proviene de este tipo de estímulos. La rienda suelta que se ha dado la institución gubernamental a la colocación de publicidad es uno de los elementos que ha acrecentado en los últimos tiempos el bombardeo visual que los habitantes de la ciudad observamos diariamente.
 
Bibliografía:
  • Moser C., "Urban Violence and Insecurity: an Introductory roadmap", documento electrónico: http://eau.sagepub.com/content/16/2/3.full.pdf
  • Muñoz E., "Contaminación visual no ha merecido suficiente atención por parte de las autoridades", documento electrónico: http://www.diversidadambiental.org/medios/nota106.html
  • Periódico Reforma, Modernizan paraderos capitalinos en www.metropoli.com.mx 

[1] Las primeras son tratadas por Moser en su artículo y las segundas no lo son con especificidad.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Nuevo Centro Histórico? ¿Para quién?


El pasado 23 de junio de 2010, el Jefe delegacional Agustín Torres, anunció que el gobierno a su cargo junto con el resto de integrantes del Fideicomiso Centro Histórico darán inicio a la remodelación de la Alameda Central, ubicada en el corazón de la Ciudad de México a escasas cuadras de la Plaza de la Constitución, el Palacio del Ayuntamiento y el Palacio Nacional, así como a un costado de los edificios recién construidos para los Tribunales de lo familiar, la Secretaría de Relaciones Exteriores y el hotel de gran turismo Sheraton Centro histórico.

Esta obra se localiza claramente en un largo proceso de gentrificación del Centro histórico de nuestra Ciudad de México, mismo que podríamos remontar su inicio a 15 años atrás, momento el cual se localizan los inicios de las obras de construcción/recuperación de diferentes espacios como aquellos terrenos en los que se edificaron grandes inmuebles que hoy son ofertados como lofts (departamentos residenciales de lujo) o como oficinas de instituciones tanto públicas como privadas.

Es importante recordar que el Centro histórico siempre se ha caracterizado por ser un espacio habitado por población de clase popular, trabajadores de todo tipo de industrias y servicios que en las calles centrales de la Ciudad ofrecen sus productos y actividades. Dicho espacio ha tenido en su interior población que no solamente trabaja ahí sino que vive en viejas vecindades o en las colonias y barrios circundantes como Tepito, Morelos, entre otras.

El Centro Histórico ya ha sido intervenido a profundidad, se han remodelado y transformado calles, aceras, alumbrado público, edificios antiguos, se han insertado comercios que antiguamente no se localizaban allí como tiendas de ropa de marca, tiendas de conveniencia, además de actividades lúdicas como museos nómadas, exposiciones, exhibiciones, y hasta una pista de hielo en diciembre.

El remozar la Alameda más antigua de nuestra Ciudad implica extender dicho proceso gentrificador hacia espacios que anteriormente se había dejado abandonados como “… la Plaza José Martí, el parque de San Fernando e incluso la iglesia de San Hipólito que cada mes genera un grave problema vial…” con el objetivo de “…evitar el lenocinio, la prostitución infantil, reubicar el ambulantaje, combatir la delincuencia e integrar a las personas en situación de calle a los programas sociales de la demarcación…”[1]

Anteriormente, mientras se mantenía en las mismas condiciones la Alameda, dicho espacio funcionaba como un delimitador físico que demarcaba con claridad la primera zona incorporada a la gentrificación de aquella que se prefería mantener alejada, es decir, la Colonia Guerrero y con ello la conexión a otros barrios y colonias populares del Distrito Federal.

Además de lo anteriormente mencionado podemos agregar la estructuración de un cuerpo policiaco especial para la zona del Centro Histórico, con base en los mismos argumentos esgrimidos por la autoridad delegacional, agrupación policiaca que incluso es ataviada con un uniforme exclusivo, tratando de dar una imagen distinta y más acorde a una zona que se encuentra en pleno proceso de transformación física y repoblación de clase.

Considero importante señalar que todas las transformaciones emprendidas por parte del gobierno local nos ayudan a enlistar preguntas que poco a poco podremos resolver, dejando que dicho proceso se asiente con el paso del tiempo: ¿Ha tenido éxito la clara pretensión de desplazar a los anteriores habitantes y atraer a los nuevos? ¿Por qué? Si se considera que es prioridad ¿Cómo se deberían implementar las recuperaciones de los espacios públicos? ¿Qué objetivos deben perseguir? ¿Qué dificultades podrán encontrar en su camino?

La formación intencional de espacios exclusivos o preferentes para determinada clase social pueden provocar solamente la estigmatización de los otros e incluso una peligrosa polarización social. Quizá sería preferible incorporar a los actores involucrados en la trasformación de dichos espacios, tratando de democratizar de las forma de vivir en sociedad mediante la persecución del consenso en cuestiones que así lo permitan.
 
Bibliografía:
  • Caldeira T., "Fortified Enclaves. The New Urban Segregation", documento electrónico: http://publicculture.dukejournals.org/cgi/pdf_extract/8/2/303
  • Noticias de la Delegación Cuauhtemoc, documento electrónico: http://189.210.174.83/administrator/comunicados.php?pg=13
  • Noticias del Foro Mexicano de la Cultura, documento electrónico: http://www.foromexicanodelacultura.org/taxonomy/term/688

[1] En palabras del Jefe Delegacional, Agustín Torres.

Delimitación espacial: "... yo sé que aquí estoy más seguro"


La diferencia puede ser entendida como una condición propia de la humanidad reunida en grupos sociales, entre los diferentes grupos que poblamos el espacio existen diferencias y entre los individuos que conformamos dichos grupos también las hay. Se puede afirmar que esta condición es fácilmente asimilable pero en realidad las sociedades, mediante un proceso de acrecentamiento de complejidad en su interior, hay continuado diferenciándose y haciéndose consientes de dichas diferencias, mismas que en la mayor parte de los casos hay provocado la segmentación y la construcción de identidades diversas y en ocasiones antagónicas. 

La desigualdad económica y cultural es también una de estas construcciones que los grupos humanos han conformado, provocando la estructuración y reestructuración de mecanismos diversos que delimitan de diferentes formas los espacios en los cuales habitan dichos grupos sociales. 

En muchos casos, los grupos sociales se organizan y plantean estrategias específicas mediante las cuales van a delimitar el espacio que habitan para diferenciarlo aún más del que habita el otro, quizá indeseable o marcadamente ajeno. Definitivamente podemos decir que la diferenciación existente es incluso previa a la toma de conciencia de los integrantes de dichos grupos, incluso en algunos casos las acciones de trasformación del entorno físico pueden estar ajenas de la intencionalidad del actor, quizá el plan al construir o destruir una calle no era colocar un “obstáculo” físico, cargado cultural y económicamente, para aquel que no soy yo. 

Un caso que considero representativo de lo mencionado en los párrafos anteriores es el de Santa fe, espacio que se encuentra entre las Delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa. Primero que nada es importante señalar que no nos referimos al tradicional Pueblo de Santa fe sino al complejo residencial y administrativo que se construyó a partir de los años 80 en lo que anteriormente eran tierras destinadas a un tiradero de basura y antiguas minas de arena, todo esto rumbo a la ciudad de Toluca en el Estado de México. 

La Asociación de Colonos Santa Fe es una organización fundada en el año 1994 formando parte de ella importantes corporativos establecidos en la zona como HP de México y la Universidad Iberoamericana. Entre sus principales acciones se encuentra la formación, junto con el Gobierno del Distrito Federal, de un cuerpo de seguridad que implementa el Operativo Santa Fe, dicha agrupación policiaca está formada por 60 elementos de la Policía Bancaria e Industrial (institución pública) mismos que cuentan con 10 camionetas patrulla compradas por la Asociación. 

El Operativo Santa Fe se implementa en los siguientes límites territoriales



Dichas rutas solamente comprenden el territorio en el cual se han instalado importantes corporativos de instituciones como Televisa, Banamex, Movistar, Telcel, HP, Santander,  así como espacios residenciales como City Santa Fe, ScalaSanta Fe y otras grandes torres de departamentos de lujo. Los recorridos del Operativo se cortan en los espacios que dividen al Pueblo de Santa fe, zona históricamente popular, del “Santa fe rico” como le llaman los habitantes del pueblo.

Resulta evidente que la intención de los miembros de la Asociación de Colonos es procurar seguridad a los que habitan o visitan dicho espacio, esto a razón de varios casos de asaltos, secuestros y otros sucesos que habían provocado un estado de incertidumbre en la zona. Lo anterior no solamente provocó, quizá, la disminución de percances como los anteriormente mencionados, sino la acentuación de la delimitación espacial que en la cotidianeidad se conoce; los habitantes del Pueblo saben perfectamente donde comienza y termina su lugar y donde comienza el del otro, así mismo los habitantes de la zona residencial saben con certeza que dicho operativo los mantendrá resguardados de los “peligros” que provienen de aquellas zonas populosas.

Los espacios en realidad han sido parte agregada en este proceso de diferenciación social, los grupos sociales se han organizado y delimitado específicamente dónde viven y cómo es que desean vivir allí. Además se ha remarcado la estigmatización de los provenientes de un lado o del otro, todo aquel que cumpla con ciertas características será tratado de determinada manera en el lugar al que no pertenece. El riesgo de sufrir algún tipo de violencia se ha construido no solamente en los posibles agresores sino también en el espacio del cual proceden, e incluso la construcción estereotípica de la forma en la cual viven "...allá de donde vienen".
 
Bibliografía:
  • Mike Davis, Fortress LA, documento electrónico: http://friklasse.dk/files/Fortress%20Los%20Angeles%20-%20The%20Militarization%20of%20Urban%20Space%20-%20Davis.pdf
  • http://www.colonossantafe.com/
  • Observación directa en las zonas.
  • Entrevistas formales con habitantes del Pueblo de Santa Fe.

Segundo vistazo a la vida en la calle.

Como en la anterior entrega se señaló, son muchas las razones por la cuales la sociedad de nuestra ciudad arroja a miles de personas (aproximadamente 3000 según el último censo realizado por el Instituto de Asistencia e Integración Social -IASIS-) a vivir en las calles. Un sector que podemos destacar por diferentes razones[1] es el de los jóvenes, aquellos que vemos con una diversidad importante de ocupaciones (limpiaparabrisas, lavacoches, “viene-viene”, etc.) y con los cuales interactuamos cotidianamente. 

En las bases de datos de la Comunidad para Adolecentes San Fernando se puede observar que la mayor parte de los jóvenes que ahí se encuentran es la primera o segunda ocasión que ingresan, los primo y segundo infractores alcanzan un 90% del total de la población de la Comunidad. El 10% restante es aquel conformado por adolecentes que han ingresado en un mayor número de ocasiones (3 o 4) y en ellos podemos identificar la constante “en situación de calle”. 

La dinámica interna de la Comunidad San Fernando (“Sanfer” como los chavos le llaman) garantiza para los que allí habitan alimentación, diferentes actividades que sirven como distractores, mismas que tienen una función terapéutica, además de la posibilidad de estabilizar las volubles y violentas vidas que sus entornos protagonizaban. Incluso, en algunos casos, puede significar el encuentro o reencuentro con algún ser querido que los podrá visitar y reflexionar junto con ellos acerca de la situación en la que vivían en las calles. 

Los adolecentes que al salir de ahí regresan a una compleja dinámica tienen, quizá, la oportunidad de observar dicho entorno (caracterizado por la marginalidad, la violencia y la precariedad) de una manera distinta, la mayor parte extraña a sus familias y seres queridos, un importante 10% (aquellos “en situación de calle”) también extraña su libertad y sus amigos que se convirtieron en su núcleo familiar, la mayor parte de estos últimos regresan a delinquir y quizá (lo digo con conciencia de lo complejo y duro que resulta afirmarlo) prefieren regresar a un espacio donde tienen más posibilidad de aprendizaje y actividad productiva.



Las calles, resulta pleno de obviedad decirlo, representan un espacio muy complicado para vivir, hambre, frio, incertidumbre, soledad… son algunas de las sensaciones que los jóvenes pretenden evadir mediante el consumo de drogas (piedra, marihuana, solventes, cemento, etc.), recurriendo a cometer diferentes ilícitos para continuar en un complejo círculo vicioso que instituciones como la Comunidad San Fernando pretenden romper, dando la posibilidad al joven de que “al pisar banqueta” la perspectiva de lo que allí vivirá sea radicalmente distinta, promoviendo la apertura del abanico de opciones que los chavos que intentan sobrevivir en las calles tienen, tratando de  incorporar en su forma de vida otros mecanismos que no sean la infracción de las leyes, el consumo de drogas, el robo o  el enfrentamiento con los cuerpos policiacos. 

Respecto a esta situación nuestra sociedad debe estar al pendiente, desde el pasado Censo de personas en situación de calle realizado por el IASIS (2008-2009) se puede observar que el fenómeno se está comenzando a presentar en diferentes espacios de la ciudad en los cuales anteriormente no se observaba, suponer que es fortuita o azarosa dicha trasformación sería completamente equivocado, se requiere de un análisis cuidadoso que desemboque en el diseño meticulosos de una serie de medidas destinadas a mitigar las diferentes dinámicas sociales que provocan que miembros de nuestra sociedad decidan vivir en las calles. Adecuado sería procurar que el problema se atendiese de manera integral, tratando de dar especial atención al sector propenso a la futura vida en la calle y al sector más numeroso que ya se encuentra en esa situación.    
Bibliografía:
  • IASIS, Censo de personas en situación de calle, GDF, 2009
  • IASIS, Censo de personas en situación de calle, GDF, 2010
  • Entrevistas informales y observaciones dentro de la Comunidad (en proceso)
  • Kawash S., The Homeless body, documento virtual: http://www.eslarp.uiuc.edu/courses/FAA391_Fall08/Readings/Kawash.%20The%20Homeless%20Body.pdf
  • Archundia M., Indigencia se extiende a periferia, nota virtual: http://www.eluniversal.com.mx/ciudad/96697.html

[1] Ellos son los que deberían representar la principal preocupación para todas las sociedades pues depende de su adecuada formación el bienestar de las generaciones que envejecen hoy y mañana necesitarán del trabajo que dará sustento y capacidad productiva a las diferentes industrias e instituciones públicas de salud y educación, por poner un par de ejemplos.